Galletas de arándanos

Buenas noches gente!

¿Como va la semana? Ya hemos vencido una parte de ella, VAMOS!!!

Así que para seguir con lo que nos queda por delante, vamos a por unas galletas, os parece? Este pasado domingo hice unas galletas de arándanos la mar de buenas. Aquí traigo la receta, espero que os guste ;).

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Galletas de arándanos

INGREDIENTES

– 125 g. de mantequilla a temperatura ambiente

– 250 g. de harina de repostería

– 60 g. azúcar glas

– 1 cdta. de postre de esencia de vainilla

– 1 huevo

– 2 cdtas. soperas de arándanos

PROCEDIMIENTO

Primero tamizamos la harina y la ponemos en un bol.

Batimos el huevo en un cuenco, pero lo batimos solo un poco. Añadimos al bol con la harina, la mantequilla en cuadraditos, el azúcar, los arándanos, el huevo y la esencia de vainilla. Amasamos con las manos hasta que queda todo bien unido.

Nos queda una masa quebradiza pero es normal, la unimos en una bola y la metemos en un bol a la nevera durante media horita para que repose.

Mientras precalentamos el horno a 180º por ambos lados.

Estiramos la masa con el rodillo hasta que quede una lámina de aproximadamente 1/2 cm. y podéis cortar las galletas con un cortador de la forma que más os guste. Yo lo hice con uno en forma de flor. Pero si no tenéis un cortador, quizás podéis usar el borde de un vaso. A mi me salieron unas 35 galletas aproximadamente.

Una vez las tenemos, las ponemos en la bandeja del horno y las metemos durante unos 12 minutos, hasta que estén un poco doradas. Las sacamos y dejamos que se enfríen en una rejilla. Una vez frías, yo les puse un poco de azúcar glas por encima, pero eso a gusto.

A disfrutarlas!

la foto 1

Hoy os dejo con unas líneas que me han impactado de un libro que me estoy leyendo de Charles R. Swindoll, el libro “JESÚS”:

“Casi nada puede penetrar la armadura emocional que llevan puesta aquellos cuya resistencia ha sido vencida por la moralidad de los rectos. Casi nada. Pero Jesús, el único perfectamente recto, conocía el secreto. Él sabía que la única manera de penetrar la cubierta de las emociones encallecidas era impartir GRACIA.

GRACIA tiene que ser la palabra más preciosa del idioma. La GRACIA reconoce la fealdad del pecado, pero decide ver más allá de esa fealdad. La GRACIA acepta a una persona como alguien digna de ser tratada con compasión, a pesar de cualquier suciedad o dura coraza que la mantiene separada del resto del mundo. La GRACIA es un regalo de tierna misericordia cuando esto parece ser lo más absurdo.”

Esa gracia es lo único que logra derretir corazones endurecidos, derribar murallas alzadas. Esa gracia poderosa e incomparable, esa locura para nuestro entendimiento humano. La gracia que da esperanza a corazones solitarios y decepcionados, a corazones fatigados y tristes. La locura de la GRACIA.

Laia

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